La IX Cumbre de las Américas se desarrolló en Los Ángeles, California, Estados Unidos entre el 6 al 10 de junio del año en curso, activando las alertas por la falta de entendimiento multilateral en la resolución de conflictos en temas conexos por parte algunos países latinoamericanos.
El gran ausente del evento fue la delegación mexicana encabezada por el presidente Andres Manuel López Obrador, ante el rechazo de Estados Unidos de invitar a las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela a la Cumbre, ya que a su parecer el excluir a otros países abre la brecha de continuar con “la vieja política de intervencionismo, de falta de respeto a las naciones y a sus pueblos.” En cambio, el representante elegido fue el Canciller, Marcelo Ebrard.
El silencio de la Casa Blanca fue evidente. El desconcierto fue generalizado en la esfera política de Estados Unidos ante la postura de López Obrador al tratar de boicotear la Cumbre. Se demostró que México ya no es un aliado incondicional. Sin embargo, México perdió la oportunidad de poner a debate la agenda regional, al no lograr acuerdos trascendentes en temas como migración, crisis económica, cambio climático, narcotráfico, derechos humanos y la comercialización de armas porque lo anterior, ¡es una problemática que enfrenta todo el hemisferio!
Respecto a la comercialización de armas ha sido un tema de gran importancia para la Cancillería en materia de política exterior al demandar a 11 empresas americanas fabricantes de armas por desencadenar la violencia en México en los últimos años mediante el tráfico ilegal. De igual forma, la Secretaría de Relaciones Exteriores ha sido contundente en las declaraciones para mejorar los mecanismos, regular las armas y sobre todo evitar el tráfico fronterizo.
No obstante, la última carta estaba por jugarse. El gobierno estadounidense invitó el pasado 12 de julio, al presidente de México a una visita de trabajo en Washington D.C., que si bien, duró unas cuantas horas de forma oficial debido a que la agenda del presidente Joe Biden estaba llena porque al día siguiente salía rumbo a Medio Oriente a una gira por Israel, Cisjornadia y Arabia Saudita.
La visita se limitó a un desayuno con la vicepresidenta Kamala Harris antes de reunirse con el presidente Biden en la Oficina Oval para culminar con una reunión, al día siguiente, con algunos empresarios americanos. El trato diplomático fue deplorable en todos los aspectos al degradar a una visita de trabajo a cuentas por pagar.
Lo valioso no era lo solemne de la visita sino el comunicado en conjunto de ambos países. El comunicado marcó la agenda de un evidente fracaso del estado mexicano ante Estados Unidos en temas migratorios, derechos humanos, así como la resiliencia para adaptar o mejorar las negociaciones económicas referentes al T-MEC en materia energética.
El desaire del presidente de México ante un evento regional nos costó millones de dólares al obligarnos a invertir 1.500 millones de dólares en modernizar la frontera norte con Estados Unidos- siguiendo la política del presidente Donald Trump-“They will pay for the wall.” Además, el gobierno mexicano se comprometió a comprar a Estados Unidos 20.000 toneladas de leche en polvo, además de comprar un millón de toneladas de fertilizantes que distribuirá a productores de maíz y frijol. Por último, se comprometió a ampliar el abastecimiento de gasolina de México hacia Estados Unidos. ¿Estuvo caro el desaire, no crees? Aún cuando el presidente Biden, por su parte, se comprometió en inversión extranjera, ofrecer visas de trabajo y lograr acuerdos referente a la reforma energética; fueron acuerdos de buena voluntad que siguen activos en nuestro país. Nada cambio mas que la opresión del líder hacia el populista en contra del conservadurismo.
Todo recae en el desconocimiento del presidente López al exigir la invitación de tres países que rompen con los estatutos de una Cumbre que vela y vigila por los derechos humanos y los gobiernos democráticos. La imposición solo la puede ejercer quien tiene el poder, no un simple “aspiracionista.”
Lo glorioso de la semana fue que el mismo 12 de julio, horas previas al encuentro con la vicepresidenta Harris, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos, emitió un comunicado de prensa, en la cual los senadores demócratas condenan la violencia en contra de los periodistas en México. Imposibilitando al presidente López Obrador a reclamar la exoneración al fundador y periodista de WikiLeaks, Julian Assange.



