Foto Daniele Levis Pelusi. Vía Forbes.
Es romper estereotipos.
Es omitir “es juego de hombres.”
Es fomentar la equidad de género.
Es combatir la desigualdad en todos los aspectos.
Es luchar por la libertad sexual.
Es decidir sobre tu propio cuerpo.
Es aguantar desacreditaciones cuando decimos: ¡NO!
Es lidiar con la revictimización cuando gritamos la verdad.
Es desaliento porque no hay justicia.
Es enojo porque formamos parte de la estadística.
Es vivir con miedo todos los días. Al día matan a 10 mujeres en México.
Es caminar solas por las calles y sufrir acoso.
Es tener que confirmar que llegamos sanas y salvas a casa. No basta con enviar la ubicación en tiempo real.
Es ejercer nuestros derechos constitucionales.
Es reeducar a las próximas generaciones bajo el lema de respeto e igualdad.
Es enfrentar la estigmatización del género por parte de la sociedad y del gobierno.
Es exigir que el Estado nos proteja.
Es soportar la deuda histórica que tiene el patriarcado con nosotras.
Es alzar la voz todos los días.
Es soñar, imaginar y construir un México mejor.
Es mostrar empatía para con otras mujeres.
Es llorar en un país por todas las que ya no están.
Es romper y quemar para exigir justicia.
Es implorar que nunca te pase.
Es visibilizar los retos que enfrentamos.
Es erradicar la violencia de género.
Es gritar ¡ni una menos, ni una mas!
Es sufrir las amenazas de los voceros del gobierno.
Es frustración que el Estado opresor abrace al violador/ feminicida y balee la dignidad de la mujer.
Es enfrentar todos los días los desaires del presidente de México porque todo se trata de él.
Es reconocer los logros de todas las que nos anteceden para seguir la causa.
Es una lucha constante para reprochar que la violencia a la mujer se ha estandarizado.
Y… es conmemorar la lucha que nunca ha sido pacífica.



