Central Park, Nueva York. Archivo ppm.
La incertidumbre puso al mundo de cabeza por días antes de definir al ganador de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Los medios de comunicación dieron como ganador, el sábado 7 de noviembre, al vicepresidente Joe Biden y a su compañera Kamala Harris como los próximos líderes del mundo libre. La agonía ha sido larga y tendenciosa porque el Colegio Electoral aún no hace oficial al ganador por la gran participación ciudadana que emitieron su voto el mismo supermartes –Super Tuesday– el 3 de noviembre o de forma anticipada (por correo).
La victoria de Joe Biden trae consigo un aliento de confianza y esperanza en las instituciones internacionales, donde la paz internacional y la cooperación en la comunidad internacional serán los ejes rectores en la toma de decisiones. La coalición Biden-Harris enfrentan un sinfín de retos, no solo la polarización política y social de su país, sino también un mundo económico sumamente proteccionista, cuya política se centra en un populismo mal guiado perjudicando a millones de personas y subestimando el actuar de las instancias o foros internacionales para un mayor entendimiento por la falta de un liderazgo global.
El mundo multilateral espera a su fiel líder y creador para comprometer-de nueva cuenta- a la gran mayoría de los países bajo un mismo orden mundial. El cambio climático volverá a ser parte de la agenda de Estados Unidos, así como el apoyo a la Organización Mundial de la Salud, para mitigar los estragos de la pandemia que nos acontece desde marzo de este año. De igual forma, se coordinarán mesas de diálogo con China para reducir las tensiones de la guerra comercial iniciada por la administración de Donald Trump tras su lema proteccionista: “America First.”
Respecto a la transmigración centroamericana al país vecino del norte, se basará en apego a la protección de los derechos humanos y probablemente bajo amenaza- a según convenga- donde podrían evidenciarse las malas prácticas de los gobernantes latinoamericanos, dando como resultado el aumento paulatino en la inestabilidad regional por la aspiración de mejores oportunidades de vida en otro país.
En cuanto a México se refiere, la relación bilateral es en sí estratégica, pero la falta de una política exterior bien definida y una coherente comunicación gubernamental interna- entre embajada, secretaría de relaciones exteriores y presidente- hace que esta relación sea acorde a los intereses de los americanos y se pierdan las bondades del decoro bilateral.
El esmero y alegría internacional volcó a la humanidad en un rayo de esperanza ante las atrocidades vividas en los últimos años en Medio Oriente: ya sea por la guerra en Siria o por la retirada unilateral de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán en 2018. Asimismo, por la postura de Arabia Saudita donde aspira a mantener la cooperación entre ambos países catapultando su rivalidad con el pueblo iraní debido a que ese era uno de los lazos que unía a la administración Trump con los saudís, incluyendo el mercado petrolero y la venta de armamento para la guerra civil en Yemen. No obstante, la perspectiva en el conflicto árabe-israelí es alentador para los palestinos porque confían en que Biden pueda reabrir las oficinas de Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Washington y rencauzar las negociaciones de paz, aún manteniendo la embajada americana en Jerusalén.
Las relaciones con Rusia podrían tornarse sombrías porque ambos líderes no comparten los mismos ideales sobre algunos temas: como el apoyo a los derechos del colectivo LGTBI, la guerra de Siria ya que ha habido discrepancias y vetos en el Consejo de Seguridad, o la misma situación de Crimea y como dato último, las elecciones presidenciales de Bielorrusia, en agosto de este año, que han desatado manifestaciones en todo el país por un presunto fraude electoral.
A forma de conclusión, el triunfo de Joe Biden podría considerarse como el inicio del fin del populismo, no sin antes que algún documento oficial lo avale como el próximo presidente electo de la nación americana. De igual forma, dicho éxito electoral representaría la unificación de las minorías y contemplaría nuevos temas en la agenda local e internacional. Y es justo por eso que la política exterior de Biden-Harris se centraría en la doctrina del presidente Bill Clinton: “multilateralismo cuando podemos, unilateral cuando debemos”, para así unir y resolver los cabos sueltos acorde a los intereses -benignos- de la hegemonía global, donde el mundo volverá a ser espectador y no participante “activo” del sistema internacional.




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